El Consejo de la Magistratura de la Nación acaba de dar un paso clave en la modernización del Poder Judicial: la incorporación de videos y transcripciones automáticas al sistema de gestión judicial. Aunque a simple vista pueda parecer un avance técnico, en realidad estamos frente a una transformación profunda en materia de comunicación judicial, una deuda histórica del sistema de justicia con la sociedad.
La Justicia argentina ha sido tradicionalmente escrita, formal y opaca. Para la mayoría de la ciudadanía, comprender qué ocurre dentro de un expediente o en una audiencia judicial es una tarea imposible. El lenguaje técnico, la barrera documental y el modelo burocrático consolidaron durante décadas una distancia entre los tribunales y la gente. Pero esa lógica está empezando a cambiar.
La implementación del nuevo Código Procesal Penal Federal, basado en el sistema acusatorio, exige que las decisiones se tomen en audiencias orales, públicas y grabadas. Es decir, el proceso se vuelve más directo, más dialogado y, en principio, más comprensible. Sin embargo, hasta ahora, esos videos quedaban alojados en sistemas aparte o eran difíciles de acceder para las partes. Esta reforma tecnológica lo cambia todo: a partir de agosto, los expedientes judiciales permitirán incorporar y visualizar directamente los archivos audiovisuales y sus transcripciones desde el mismo sistema LEX 100.
Se trata de una mejora significativa en términos de acceso a la información judicial, que facilitará el trabajo de los operadores jurídicos, pero sobre todo permitirá que el proceso judicial sea más transparente, trazable y explicable. No se trata sólo de “subir videos”: se trata de construir un nuevo ecosistema de justicia donde las personas -abogados, periodistas, víctimas, imputados o cualquier ciudadano- puedan entender mejor qué ocurre en un juicio.
Hay un dato clave que no puede pasarse por alto: la inteligencia artificial ya está actuando como herramienta, no como amenaza. Mientras en otros ámbitos se discute con temor su avance, el Poder Judicial la empieza a aprovechar para tareas concretas que no reemplazan a nadie, sino que agilizan, organizan y dan más claridad. La transcripción automática de audiencias, por ejemplo, no quita valor a ningún actor del sistema: por el contrario, pone en valor la palabra oral y la vuelve accesible. Democratiza el proceso, preserva la prueba y mejora la memoria institucional de la Justicia.
Por supuesto, la tecnología no resolverá por sí sola los problemas de fondo del sistema judicial. Sin embargo, puede crear condiciones más fértiles para que la Justicia se acerque a sus principios: imparcialidad, celeridad, igualdad ante la ley, y -por qué no decirlo- claridad en su forma de hablarle a la sociedad.
El cambio ya empezó. Ojalá que este paso no sea sólo una innovación técnica sino también el primer capítulo de una nueva cultura judicial más transparente, más oral, más digital… y más humana.
Artículo publicado en Comercio y Justicia
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