Saltar al contenido

Hacia una comunicación judicial reparadora: pautas y nuevos paradigmas

Para que los organismos judiciales no se conviertan en perpetradores de la misma violencia que deben sancionar, su comunicación debe adherir a principios éticos y legales que eviten la “violencia mediática” definida en la Ley n.° 26.485. Una comunicación judicial comprometida requiere abandonar prácticas nocivas y adoptar una perspectiva de derechos y reparación.

Existen pautas fundamentales sobre lo que no se debe hacer al comunicar temas de violencia de género:

· No justificar ni atenuar la violencia: Es imperativo erradicar términos como “crimen pasional”, que reducen un problema estructural a un exceso emocional. Tampoco deben usarse como atenuantes el consumo de sustancias, los celos o supuestas patologías del agresor, como llamarlo “monstruo” o “enfermo”.

· No culpabilizar a la víctima: Se deben omitir detalles irrelevantes sobre su vida privada, vestimenta o comportamiento social, ya que esto constituye una revictimización que traslada la responsabilidad del agresor a la víctima.

· No espectacularizar el crimen: Evitar detalles morbosos o truculentos que conviertan la tragedia en un espectáculo, banalizando la violencia y atentando contra la dignidad de la familia.

En contrapartida, una comunicación reparadora y preventiva debe emplear siempre un lenguaje preciso, utilizando términos como “femicidio”, “travesticidio” y “violencia de género”. Es esencial contextualizar el hecho como parte de un problema social estructural, apoyándose en datos estadísticos para demostrar que no es una anomalía aislada. Asimismo, se debe resguardar rigurosamente la intimidad de la víctima y de los niños, niñas y adolescentes involucrados, evitando la publicación de material que los exponga en su vulnerabilidad.

Nuevas masculinidades

Un aspecto disruptivo en la lucha contra la violencia es el concepto de “nuevas masculinidades”. El “mandato de la masculinidad” tradicional obliga a los hombres a demostrar constantemente su hombría mediante el control, la fuerza y la represión de emociones. Según Rita Segato, los hombres son las primeras víctimas de este mandato, ya que se les exige reprimir la empatía para ser aceptados en la “hermandad masculina”.

Frente a la masculinidad hegemónica que fomenta el control y la supresión de emociones, las nuevas masculinidades proponen un modelo basado en la horizontalidad, el consenso y la expresión emocional. Este cambio implica pasar de la competencia y el rol único de proveedor a la corresponsabilidad en el cuidado y la aceptación de la vulnerabilidad.

Lo que postulamos es que la comunicación judicial debe realizarse con perspectiva, empatía y planificación. Las instituciones de justicia tienen la oportunidad de usar su voz para fomentar la empatía y rechazar activamente la crueldad. Al asumir que las palabras ayudan a constituir la realidad, cada comunicación se convierte en una elección entre perpetuar la violencia o ser artífices de un mundo más justo y humano.

Artículo publicado en Comercio y Justicia

¿Le gustó? Compártalo en:

Artículos relacionados